martes, 15 de diciembre de 2009

Good Morning Saigon

Tras las visitas de los mercados flotantes y de algunas islas del Delta (frente a Vihn Long) donde la vida sigue siendo igual de tranguila que hace anos, decidi pasar un ultimo dia en Ben Tre. En principio iba a ser una jornada en un pequeno pueblecito en la ribera del rio. Sin embargo, al llegar me encontre una ciudad de tamano considerable en la que por no haber, casi no habia ni restaurantes. En la guia decia que los turistas no suelen acercarse a este apartado lugar, lejos de los grupos organizados y de las aglomeraciones de turistas. Ahora entiendo por que nadie, exceptuando a algun huevos gordos como el que escribe, se dejan caer por alli. El paseito de la manana, antes de venir a Saigon me saco de mi depresion.

Y para salir del todo de la depre, esta ciudad. Grande, caotica, contaminda, ruidosa como ninguna, pero con un yo que se que, que la hace especial. Para empezar, la mayor aventura de todo el viaje ha sido aqui: cruzar una de las grandes avenidas llenas de motos, que no respetan semaforos, autobuses, o viandantes. Es un continuo fluir acompanado por las bocinas, en algunos casos de caminon, instaladas en pequenas motos de 90 cc.

Si bien Saigon no es una ciudad espectacular, si tiene algunos lugares interesantes. El museo de los recuerdos de la Guerra da una vision del asunto bien distinta a la que nos tienen acostumbrados en el viejo continente; ademas de cientos de fotos, hay tanques, aviones, armas y mucha informacion. Tambien se puede visitar la catedral de Notre Dame... si, si, aqui. O el Palacio de la Reunificacion, un edificio de estilo sovietico sesentero bastante feo, pero con un interesante sotano repleto de pasillos y estancias con todos los aparatos de comunicaciones necesarios para gobernar el pais desde un bunquer.

Pero simplemente caminar por los pequenos callejones del centro es una de las cosas mas agradables que se puede hacer aqui. Ademas de descansar de las atronadoras motos y del calor sofocante, es un buen lugar para observer la vida diaria. Las puertas de las casas estan todas abiertas y en todas ellas hay una tele enorme casi permantentemente encendida. Alrededor se construye el salon con gente desayunando, durmiendo en una hamaca o leyendo el periodico mientras deja pasar las horas.

Ademas, la diversidad cultural de esta ciudad es una pasada. En el mismo barrio puedes tener mezquitas, iglesias cristianas, protestantes y pagodas chinas. En estas ultimas se nota, mas que en ningun lugar, el sello que dejaron los chinos despues de siglos de ocupacion. Aqui ya no se trata de esos templos budistas tipicos (aunque con matices) de Tailandia, Laos o Camboya; no estan ni llenos monjes, ni se respira esa paz, ni esta presente ese color naranja azafrande las tunicas que tanto me gusta. En estos suele haber una radio encendida, algun hombre fumando o bebiendo algo, o por que no, viendo un partido de futbol en la tele. Todo esto mientras los visitantes queman barritas de incienso a cascoporro para pedir por la paz de sus difuntos, suerte en los negocios o para no convertirse en saltamontes camboyano en su proxima vida.

Por cierto, ayer la seleccion vietnamita gano la final de los Seagames de Vientiane y esto parecia el Paseo de la Castellana cuando Espana gano la Eurocopa. Una buena despedida para mi ultima noche en Vietnam. Esta tarde me vuelvo a Bangkok.

1 comentario:

  1. ¿Y la depre es por la cercanía del regreso? ¡Encima tener que leer cosas como esta!

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