lunes, 30 de julio de 2007

El valle de Kinnaur, desde Rekong Peo

Aunque el nombre del pueblo suene a chino, no estoy en China, sigo en la India. La ultima vez que supisteis de mi andaba por Simla, y desde entonces parece haber pasado una eternidad, al menos para mi.

Os cuento un poco lo acontecido desde aquellos no tan lejanos dias. Desde Simla tomamos un bus con direccion hacia Sarahan, que en un principio era directo pero en final no lo fue. El viajecito fue una pequenha tortura para nuestros culos occidentales; unas 7 horas en un autobus atestado de gente, al menos nosotros ibamos sentados, para recorrer unos 200 km. Ahora, tendriais que ver los 200 km. Paramos en Rampur, una ciudad a mitad del valle de Kinnaur donde lo unico que podiamos hacer era esperar un par de horas al autobus de Sarahan. Pasado este corto pero aburrido tiempo en una sucia y apestosa estacion logramos averiguar cual era el bus que teniamos que tomar. Y es que por aqui los carteles ya no estan en ingles.

Llegamos a Sarahan, nuestro destino, a eso de las 7 de la tarde despues de unas 10 horas de viaje, nos alojamos en la guest house del templo sin saber lo que nos esperaba. Resulta que los indios estos no tiene otra cosa que hacer que a las 4 de la manhana enchufar un altavoz a toda pastilla en la torre de templo. Y asi se pasan 3/4 de hora cantando los himnos vedicos para adorar a shiva y toda la corte de dioses de colores que tiene esta penha. Estan locos esos indios.

Sarahan es un pequenho pueblo que rodea al templo de Bhimakali, a su vez rodeado de montanhas y fertiles huertos de manzanos. Aunque haya muchas manzanas tampoco se pasan de buenas. Dimos paseos por los alrededores, descansamos, volvimos a pasear y nos fuimos.

Nos fuimos a Jeori, un pueblo en el fondo del valle desde donde teniamos que coger otro bus para llegar a Sangla. De nuevo cuelgue en un pueblo sin nada que hacer. Cuatro horas, dos coca colas, tres partidas de ajedrez y un par de cigarrillos indios fue toda la accion de Jeori hasta que llego el ansiado autobus.

En el autobus, mas de lo mismo, saltos, saltos, mas saltos, algun precipicio y los increibles paisajes del Himalaya. Llegamos a Sangla donde estuvimos un par de dias visitando el Templo de Bering Nag, los alredeores del pueblo y tomando unas cervezas en el bar de los borrachos del pueblo. Desde aqui se veia el primer 6000 del viaje, el Kinnali Kailash, un monte que nos ha acompanhado estos dias.

Hoy, en la otra cara del Kinnali Kailash hemos tenido una jornada de dura burocracia india. Resulta que para pasar desde el valle de Kinnaul a Spiti debemos atravesar una zona muy cercana a la frontera con el Tibet ( China para los chinos). Y como los indios y los chinos estan un poco peleaos porque no se ponen deacuerdo donde esta su frontera, pues hay que pedir un permiso especial aparte del visado. Cuatro horas despues ya teniamos el papelito.

En un principio creiamos que la carretera estaba cortada por un derrumbe pero parece ser que ya esta solucionado. Antes un autobus te dejaba a un lado, pasabas al otro lado andando y te recogia otro autobus. Ahora creo que sera mas sencillo.

Como Recong Peo no tiene nada, solo estamos aqui por el permiso, pues esta tarde hemos subido a un pequenho y agradable pueblo a unos 3000 m de altitud. una autentica pasada, con su gompa y todo.

Manhana entramos en la zona fronteriza para llegar a Nako y salir al valle de Spiti. Pero eso ya os lo contare porque no se lo que voy a tardar. Parece que el viaje es movidito.

Un abrazo a todos, un abrazo a la familia y para Maite un beso en los morros

Pepe Incha.

miércoles, 25 de julio de 2007

Desde Simla, al norte de la India

Despues del ultimo correo han pasado muchas cosas, o mejor dicho, hemos visto muchas cositas. Os cuento un poco como ha ido todo desde que llegamos.
La llegada a Delhi fue una autentica catastrofe. Nada mas bajar del avion el calor y la humedad ya nos minaron lo suficiente como para desesperar. Pillamos un taxi hasta el centro y en vez de llevarnos al hotel que queriamos nos llevaron a otra zona distinta afirmando que era la que nosostros queriamos. Al final nos quedadmos por alli ya que al dia siguiete teniamos previsto salir de la desagradable Delhi. Despues de muchas vueltas en rickshaw (motocacas de tres ruedas que hacen las veces de taxi) acabamos comprando todos los hoteles y todos los trenes en una agencia. Salio algo mas caro pero mas comodo para el poco tiempo que teniamos maite y yo juntos.
Emprendimos el camino a Agra, donde es de obligada visita el Taj Majal. Como estaba cerrado, fuimos a dar una vuelta por el fuerte rojo de la ciudad, el mausoleo de Akbar o pequenho Taj Mahal y conocimos una ciudad de la mano de un taxista que nos llevo a diferentes tiendas para ganarse una comision que no consiguio con nosotros.
Al dia siguiente, con el Taj Mahal ya abierto pudimos, previo pago de un buen numero de euros, vistar el monumento mas famoso de la India. Alli conocimos a unas valencianas con las que compartimos mesa al medio dia y con las que, al dia siguiente fuimos a una ciudad fortaleza abandonada de los mongoles. Es Fateehpur Sikri, y parece ser que los mongoles estos se curraron una enorme y preciosa ciudad en un lugar donde el acceso al agua estaba bastante limitado, y tras unos 10 o 12 anhos decidieron abandonarla tal y como la construyeron, y tal y como ha llegado a nuestros turbulentos dias.
Como en Agra el tiempo es tan caluroso y humedo como en Delhi, salimos hacia Jaipur, la ciudad rosa, el color de la hospitalidad. Muy hospitalaria no es que sea, pero al menos el trazado de las calles era mas o menos coherente con lo que se supone que es una ciudad y la orientacion, para ir andando de aqui para alla era sencilla. En general las ciudades indias tienen mas mierda que un estercolero, y esta no iba a ser menos. Los olores del incienso, el curri, la mansala y demas yerbajos se junta con el hedor de los orines y de la basura, que sumado al calor hacen una mezcal exploriva.
De todas formas la ciudad tiene sus lugares de tranquilidad que normalmente coinciden con las zonas mas ricas y los monumentos mas interesantes. En Jaipur, lo mas representativo es el Hawa Mahal, un edificio rajputa desde donde las doncellas podian observar el trajin de la ciudad. El Palacio de la ciudad es todo un punto, ya que te puedes dar cuenta de como vivian los maharajas. Eran realmente ponposos y tenian un gusto un tanto particular: enormes lamparas colgantes, tapices de decenas de metros cuadrados, caruajes de todo tipo, y hasta un enano como atraccion turistica.
Abandonamos Jaipur para internarnos en el desierto de Rajastan, a la ciudad de Jaisalmer. Despues de 15 horas de tren llegamos a esta ciudad perdida en el desierto acompanhados de dos madrilenhos con los que coicidimos en el compartimento.
Jaisalmer es un museo en uso. Las calles, los palacios y los templos jainies o las havelis conviven con tantas vacas como personas en una agradable y algo mas limpia ciudad. Los indios no acosan tanto al turista y los paseos entre las estrechas calles minimizan un poco el omnipresente calor. Desde alli fuimos a unas dunas cercanas a ver la puesta de Sol en camello. La primera vez que monto en camello, quiza sea la ultima. Dormimos en un "estupendo" resort de un pueblo llamado Khuri y al dia siguiente, tras unas compras nos marchamos para la poco agradable Delhi.
En Delhi, a parte de pasear por las distintas zonas no hicimos mucho mas. Ademas, Maite tenia que marchar a Espanha y yo quedarme solo en esta ciudad.
He conocido Josep, un caltalen que tambien viaja solo y hemos decidido viajar juntos hacia Simla y el valle de Kinnaur, donde segun hemos oido estan algunos de los pueblos mas bonitos del Himalaya. Supongo que saldremos para alla manhana. De momento Simla es la ciudad mas agradable de todas las que hemos visitado. -Maite, siento que no te pudieras venir hasta aqui-. Es la primera ciudad donde se puede dormir sin aire acondicionado y la primera en la que ha tenido que sacar el saco de dormir. Parece ser que, como a las moscas, el aire fresco trnaquiliza a los indios buscavidas y aqui puedes pasear sin el incesante acoso de una buena parte de ellos.
Por lo demas muy bien, el estomago empieza a acostumbrarse y la altitud me sienta bastante bien. Todo es mas limpio y fresco en el Himalaya.