lunes, 17 de abril de 2006

¿Dices discoteca?

¿Ya veremos que hacemos mañana? Si, si...

Con los Hassanes del hotel puestos de vino de higo hebreo hasta las trancas estamos que descansamos. Los dos colegas van como motos y nos proponen ir a la discoteca del pueblo. Como nosotros también nos hemos dado el homenaje con unas cañitas y unos cigarritos de la risa, nos vamos con ellos.

Llegamos a un garito junto a una gasolinera. Eso me suena a algo. Entramos por un largo pasillo hasta un jardín con piscina que nos lleva a un bar un tanto extraño. Hay una barra al fondo con unas cuantas botellas de alcohol en los estantes iluminadas con luces de neón, varias mesas llenas de pedáneos y unas sospechosas señoritas que charlan amigablemente con todos. Van todas vestidas con unos vestidos largos blancos decorados con lentejuelas doradas y pompones de lana de colores...

...Estamos en un puticlub, un club de alterne, una casa de putas...

...y estos dos nos quieren liar. Empiezan intentado que le paguemos las cervezas y siguen intentando que conozcamos a las "chicas". Como no tenemos mucho interés en que nos revienten el presupuesto, decidimos largarnos. Y como ellos no tienen más remedio, se vienen con nosotros a regañadientes.

Con la Bici entre las piernas

El camino de vuelta resulta ser bastante más suave. Al hecho de que vamos bajando se une que el viento lo llevamos de cola. Por lo que tardamos menos de la mitad de tiempo en hacer la vuelta.

Llegamos a Ouaklim envueltos en una tormenta de arena que nos azota las piernas y la espalda. Un niño del pueblo nos indica un camino más corto para llegar a Tinerhir que el que habíamos seguido en la ida. Vamos por unas planicies inmensas en las que sólo nos podemos guiar por un par de oteros a lo lejos y las pistas que se entrecruzan en la llanura, puesto que donde se supone que está Tinerhir únicamente vemos una nube de arena.

Entramos a la ciudad por los nuevos barrios a medio construir - nada que ver con los mastodónticos edificios de nuestros promotores - que nos llevan directamente hasta el centro. A estas alturas la ciudad nos parece mucho más grande de lo que es. Estamos realmente machacados, y mientras Germán sube en un taxi colectivo a las Gargantas, yo espero con las dos bicis en la parada de taxis a que baje con la furgoneta.

Mientras espero charlo un poco con los taxistas y al cabo de un rato aparece la furgoneta. Cargamos todo y unos minutos después estamos en nuestro hotel cenando con Diego que, aunque cansado, tiene mejor cara.

Ya veremos que hacemos mañana.

domingo, 16 de abril de 2006

Si Alá no quiere nos vamos

Me levanto fuerte y con ganas. Bueno, con ganas de ir al baño.

No está demasiado mal el asunto, el optimismo vuelve a apoderarse de mí y pronto lo estamos preparando todo para largarnos hacia el sur. Comida, agua, repuestos... Vaciamos la furgoneta en un momento y la volvemos a llenar con todo aquello que no nos llevamos, y que varios días antes, en Murcia, nos parecían cosas tan indispensables.

Salimos un poco tarde, así que tendremos que pasar un poco de calor. La idea es intentar llegar a un pequeño pueblo llamado Ikniounn. Y comenzamos como siempre hemos empezado las rutas, perdiéndonos en el primer cruce, que por cierto no vimos.

Pero antes de esto, y mientras bajábamos hacia Tinerhir oímos a Diego por detrás:
- ¡Ostia, qué me he cagao!
La historia se repite, y si a mí me afectó la ensalada de Marrakech, a Diego fue la de nuestros amigos del hotel Mansour. Tras unos pequeños retortijones y una salida de la vía ( sin bici), decidimos seguir.

Vamos bajando la carretera hacia Tinerhir por encima de uno de los más bellos oasis de montaña de Marruecos, entre casas de adobe habitadas y abandonadas, mientras dejamos atrás las gargantas del Todra; cruzamos Tinerhir después de un delicioso café con leche de bar y seguimos por la carretera en dirección Ouarzazate. Y seguimos demasiado, porque nos saltamos la pista que nos llevaría primero a Ouaklim y después a Ikniounn.

Tras recorrer varios kilómetros por la carretera con la mosca detrás de la oreja, decidimos darnos la vuelta y buscar la desviación. Todo el mundo nos manda 15 o 20 kilómetros más adelante para coger una carretera, pero nosotros buscamos la pista de tierra. Por fin encontramos la desviación de la pista a unos 2 Km de Tinerhir, después de recorrer más de 15, carretera arriba, carretera abajo. Ya estamos en el buen camino y lo primero que nos encontramos es a un grupo de niños que nos quieren vender unos lagartos enormes y atontados con pinta de dragones pasados de moda. Seguimos hasta Ouaklinn, con alguna parada intermedia de Diego, mientras el viento del sur es cada vez más fuerte y nos va minando. Diego está cada vez más débil, y después de recorrer más de 40 Km decide darse la vuelta. Lo hablamos y Germán y yo seguimos hacia adelante.

Sin embargo, tras despedirnos de Diego, los ánimos y las fuerzas están cada vez más flojos, y el viento en contra cada vez más fuerte. Avanzamos a 4 o 5 Km/h y nos queda mucho camino hasta el pueblo. La arena nos va azotando sin compasión empujada por el irresistible viento, y los ánimos se van deshinchando. Creo que no tardamos más de una hora, después de despedirnos de Diego, en darnos la vuelta.

viernes, 14 de abril de 2006

En las Gargantas del Todra

Mientras Diego y Germán toman un té bajo los arcos del hotel el Mansour yo sigo tomando mi agua con azúcar y limón para ver si se me pasan mis trastornos intestinales y mañana podemos comenzar nuestra ruta de bici hacia el Sahara marroquí.

Estamos en las Gargantas del Todra, en el sur del Gran Atlas, descansando del viaje de casi mil quinientos kilómetros que nos trajo desde casa a este agradable rinconcito del mundo. Venimos con la intención de atravesar la cordillera del Sahgro de norte a sur para llegar a las planicies que dan acceso a la gran llanura sahariana y que, si no pasa nada, nos llevarán hasta la frontera con Argelia.

La verdad es que me encuentro fatal, vengo arrastrando una gastroenteritis alrededor de una semana y la ensalada de la cena de ayer en Marrakech no hizo más que empeorar las cosas. No me encuentro con fuerzas de subirme a la bici para empezar una ruta que promete ser larga y menos aun ir a escalar un rato esta tarde con Germán y Diego.

Descanso, duermo, charlo con la gente del hotel, veo a la gente pasar...

Mañana será otro día.